A Michael no le disgustaba la idea de instalarse durante un tiempo en esa casita. Estaba alejada del gentío de la ciudad, y eso le gustaba. Había encontrado algunos productos de limpieza en el sótano, y tenía previsto limpiar por lo menos, el interior de la casa. Además, tenía agua para beber y asearse y electricidad propia, junto con una gran chimenea donde poder cocinar la comida. Aunque ese era su mayor problema, la comida. Sabía perfectamente que no podía ir la ciudad a comprar nada, puesto que ni llevaba dinero encima, ni sabía si se había divulgado la noticia de que era el principal sospechoso de un asesinato. No estaba dispuesto a cazar ningún tipo de animal. Eso iba en contra de sus principios como vegetariano. Decidió acostarse esa noche sin cenar, e intentar arreglarselas como pudiera a partir de la mañana siguiente.
Los agentes cumplieron su palabra y al día siguiente estuvieron puntuales a primera hora de la mañana, en la puerta principal de los jardines de Neverland. Tras tocar a la puerta, Bill salió a recibirles, con un comportamiento un tanto extraño.
-Eh... Buenos días agentes.
-Buenos días.- Contestaron los dos al unísono.
-Eh... ¿Qué querían?- Se hizo el loco.
-¿Cómo?- Respondió Amy molesta.- Está claro que venimos a interrogar al señor Jackson, cosa que intentamos hacer ayer y no pudimos.
-Desde que se fueron ustedes, no he vuelto a saber de Michael- respondió Bill Bray temiéndose lo peor.
-¿Está usted queriendo darnos a entender que el señor Jackson se ha dado a la fuga?- Dijo Miller con una mezcla de indignación y sorpresa en su tono de voz.
-No, solo les estoy diciendo que no conozco su actual paradero. Si ustedes pudieran volver maña...
-Espere un momento, señor Bray.- Le cortó Amy enfadada.- No vamos a volver por aquí. Dígale al señor Jackson cuando lo vuelva a ver, que la policía lo busca, y que se va a emitir una orden de busca y captura en su contra.
-¿Qué? ¿Pero cómo?- Preguntó Bill confuso.
-Así es la ley, estimado señor. Si el señor Jackson no se encuantra disponible, nosotros haremos que lo esté - Dijo Miller ansioso.
Amy se pasó la mano por la frente, para volver a dirigirse al guardaespaldas:
-Señor, nosotros hemos cumplido con nuestra obligación, ahora nos marchamos. Mucho gusto.- Le extendió la mano.
-Mu-mucho gusto...- Respondió Bill apretándosela con no mucha decisión.
-Buenos días.- Se despidió Amy, para finalmente subirse al coche junto con su compañero y volver a comisaría.
Una vez allí tras varias horas trabajando en el caso, Miller se dirigió hacia Amy.
-Eh, preciosa ¿Qué vas a hacer esta tarde?
-¿Te es de vital importancia saberlo?
-Bueno, solo quería saber si me acompañarías a una nueva cafetería que han abierto en el centro.
-No, no te molestes.
-¿Cómo?
-Sabes cual es la respuesta. Nunca, repito, nunca, conseguirás que te acompañe a ningún sitio que no implique trabajo, ¿entendido?
-Eso ya lo veremos, preciosa. Algún día me saldré con la mía. Siempre lo hago.
-Lárgate. No quiero volverte a ver en lo que queda de día.
-De acuerdo - Dijo Miller mientras que salía por la puerta giñándole un ojo y sonriéndole.
-Espera un momento- dijo Amy haciendo que Miller se diera la vuelta esperanzado- ¿Realmente deberíamos emitir algún tipo de comunicado revelando a la prensa y al mundo que Michael Jackson está involucrado en un asesinato? Quizás nos estamos precipitando un poco...
-Eh, has sido tú la que se lo ha dicho al señor Bray- dijo Miller cambiando su expresión seductora por una seria, al comprobar que ella sólo quería hablar con él de cuestiones relacionadas con el trabajo- Además, se fue ayer de su casa y hoy no ha vuelto ¡Qué casualidad que justo se marchó cuando nosotros llegamos!
-Bueno, en esos momentos estaba enfadada ¿Vamos a acusarlo simplemente porque un testigo dice haberlo visto? Puede que haya tenido que dejar su casa algunos días por cualquier circunstancia. Quizás deberíamos regresar mañana.
-¿Y si pedimos una orden de registro?
-Sí, sí, no había pensado en eso- Asintió Amy distraidamente.
Miller le volvió a guiñar un ojo y desapareció por el umbral de la puerta.
Amy se echó el pelo hacia atrás. Resopló y decidió ir a la máquina de la entrada a hacerse un café.El día se le hizo largo, muy largo. Llegó a casa agobiada, con demasiadas cosas en las que pensar. Necesitaba desahogarse como fuese. Y la mejor manera para eso, sin ninguna duda, era correr. Salir a correr por el bosque, donde nadie la viera, donde poder desconectar de la gente. Sentir la naturaleza, evadirse.
Así lo hizo. Almorzó y no tardó más de una hora en estar con la ropa de deporte puesta, así como las zapatilllas. Se recogió el largo cabello oscuro en una coleta y cogió una mochila negra que luego se puso a la espalda, una botellita de agua fresca y una manzana, junto con su teléfono móvil.
Decidió dirigirse allí andando pese a que estaba un poco lejos.
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