24 jul 2011

Capítulo 4

Michael se sentó en el lateral de su cama apartando algunos cojines que la cubrían casi por completo. Se tapó la cara con las manos para luego pasárselas entre el pelo mientras que resoplaba. Se echó hacia atrás y se tumbó. Volvió a levantarse para abrir la ventana y dejar que un poco de aire fresco le diera en la cara. Estaba inquieto.
-Problemas económicos...- Se dijo para si mismo varias veces intentando recordar. - Esa es la clave... Tengo que saber de qué va todo esto.

-¿Michael Jackson?- Dijo Amy muy sorprendida.
-¿Cómo?- Preguntó Miller acercándose y poniéndose detrás de ella.
-Mira -Dijo entregándole el informe.
-Joder... ¿Interrogar a Michael Jackson? Esto tiene que ser una broma.
-Sea o no sea cierto tenemos que ir a interrogarle.Vamos, quiero terminar pronto con este caso, no creo que aguante mucho tiempo trabajando contigo.
-¿Por qué lo dices tan convencida?
-¿Tú qué crees?- dijo ella poniendo los ojos en blanco- Vamos, cojamos el coche y acabemos con esto.

Bill llamó a la puerta del dormitorio de Michael.
-Michael, soy yo, ¿puedo pasar?
-Sí -Respondió Michael secamente.
Bill abrió la puerta con lentitud y buscó a Michael con la mirada en la habitación. Lo encontró andando de un lado a otro, con los brazos cruzados. Por la expresión de su cara, pudo deducir que estaba enfadado por algo.
-Michael, en el portón principal hay dos agentes de policía.
Michael paró en seco, levantó la vista y miró a Bill con cara de espanto.
-¿Policías? No puede ser...-Dijo Michael asustado. Los pensamientos volvieron a amontonarse en su cabeza.
-¿Pasa algo?
-No, no... Nada. ¿Y has ido a atenderlos? ¿Sabes lo que quieren?
-No, simplemente he venido para avisarte y saber si debo hablar con ellos o si quieres ir tú a recibirles.
Michael se quedó un rato pensando.
-Sal y pregúntales qué quieren. Y antes de abrirles para que pasen, si quieren algo conmigo, vuelve a decirme lo que es. Bajo ningún concepto les dejes pasar sin que yo te lo diga, ¿entendido?
-Sí Michael. Pero... ¿estás seguro de que no te pasa nada?
-¡No! ¡No me pasa nada, joder!- dijo Michael impaciente.
-De acuerdo, voy a ver lo que quieren- añadió Bill algo molesto.
Bill salió de la habitación cerrando la puerta a su espalda. Michael empezó a andar de un lado a otro, desesperado. De repente, una lucecita se encendió en su cabeza. Tenía que salir de allí. Esos policías sabían que había sido él. Solo podía escapar por la parte de atrás de la casa, y nadie se podía enterar. Ni siquiera Bill. Abrió con manos temblorosas el primer cajón de una cómoda de madera de roble, donde guardaba su ropa interior, y sacó el revólver con el que mató a ese hombre. Lo arrojó encima de la cama y comenzó a meter toda la ropa que podía en una mochila.

Amy resopló y se apoyó en uno de los barrotes del portón.
-Tengo calor, y no entiendo por qué demonios tardan tanto en salir. ¿Tan difícil es abrirnos y dejarnos entrar?- Se quejó Miller mientras que se sentaba en una gran piedra decorativa que había en el lugar.
-Mira, ya estoy lo suficientemente harta de estar aquí como para encima tener que soportarte a ti quejándote. Así que cierra la boca.- Dijo Amy sin ni siquiera mirarle.
-Señora sí, señora.- Bromeó poniéndose la mano en la frente.
-Idiota...
-Estás muy guapa cuando te enfadas.
Amy iba a decir algo pero se detuvo al divisar a un señor que se acercaba. Miller se levantó y se sacudió el uniforme. Amy se aclaró la voz.
-¡Por fin! Ya me estaba hartando...-Dijo Miller.
-Cállate. Aunque no lo seas, intenta parecer un profesional, por lo menos cuando trabajes conmigo.
Miller carraspeó sonoramente y decidió no responder ante aquel comentario. Bill Bray llegó ante la puerta y la abrió con un manojo de llaves que llevaba.
-Buenos días. Bill Bray, guardaespaldas del señor Jackson.- Se presentó mientras extendía la mano hacia Amy.
-Buenos días. Somos la agente Cohen y mi compañero, el agente Miller, de la policía.- dijo Amy estrechándole la mano.
-Encantado, agentes. ¿Vienen por algo en especial?
-Pues sí, venimos a interrogar al señor Jackson. Hemos recibido información de un testigo que dice haberlo visto en la escena de un crimen.
-¿A Michael? Bueno, supongo que tienen que cumplir con su trabajo. Voy a avisarle, quédense aquí, por favor. Tengo órdenes de no dejar pasar a nadie ajeno a la familia.
-Sí, esperaremos aquí.- Dijo Miller.
Bill se fue de camino a la casa principal otra vez.
-Bueno, otra vez solos, muñeca- Dijo Miller acercándose a Amy.
-¡Vete al infierno!- Respondió Amy alejándose del policía con ganas de darle un guantazo.

Michael lo preparó todo. Se puso una camisa blanca y unos pantalones negros, acompañados por una chaqueta del mismo color. Cogió un sombrero del perchero situado detrás de la puerta, y se puso las gafas de sol que tenía encima de la mesita de noche. Estaba revisando la mochila para asegurarse de que no le faltaba nada cuando escuchó pasos que se aproximaban a su habitación. Michael palideció. Salió corriendo en dirección a la cama y metió el revólver debajo de esta. Justo a tiempo.
-Michael, soy yo- dijo Bill abriendo la puerta de pronto.
-Te tengo dicho que avises antes de entrar- dijo Michael nervioso.
- Claro, discúlpame .- Dijo mientras miraba alternativamente a Michael y a la mochila que estaba preparando- ¿Vas a alguna parte?
-Eh... No- dudó Michael- Sólo estoy... guardando algunas cosas en esta mochila.
Inmediatamente se dio cuenta de lo estúpido que había sonado eso y empezó a temerse la reacción de Bill.
- Michael, los policías han venido para interrogarte.- dijo Bill pasándolo por alto- Al parecer, algún graciosillo les ha dicho que te ha visto salir de la escena de un crimen. No creo que tarden mucho en irse, pero deberías atenderlos.
A Michael se le vino el mundo encima. Le habían visto. Lo sabía.
-Vale, claro, les atenderé. Pero quiero que les acompañes en persona hasta mi despacho. Iré en diez minutos.
-Sí, Michael.
Bill se fue y cerró la puerta. Michael se tiró al suelo rápidamente y se estiró debajo de la cama para alcazar el arma. La cogió y se la metió en un bolsillo interior de la chaqueta. Esperó un poco para asegurarse de que Bill ya se había ido y abrió la puerta de la habitación. Miró a ambos lados para comprobar que no hubiera nadie que le pudiera ver. Así era. No tardó en salir por la puerta trasera de la casa. Los agentes ya no se encontraban en la entrada, por lo que supuso que Bill ya los había conducido al despacho. Tenía muy claro a donde se dirigía. Allí no le encontraría nadie.

Los agentes esperaban pacientemente a que Michael apareciera. Pero no lo hizo. Pasaron veinte minutos, y Bill empezó a preocuparse, puesto que lo agentes se impacientaban. Decidió buscar a Michael. Estuvo en todas las habitaciones de la casa, y también en el jardín. No lo encontró. Michael se había ido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario