19 jul 2011

Capítulo 1

15 de Octubre 1992

Michael abrió los ojos lentamente. Los fijó en lo que parecía un techo blanco, tenía la vista nublada. Se incorporó un poco y parpadeó varias veces hasta que consiguió vislumbrar la habitación con más nitidez, pese a que estaba casi sumida en la oscuridad. Le dolía la cabeza y se sentía mareado ¿Dónde se encontraba? Algunos rayos de luz anaranjada se filtraban a través de la cortina oscura de un enorme ventanal. Podía distinguir unos metros más allá un bulto en el suelo, parecía una persona.
Se levantó con dificultad y al hacerlo un pesado objeto cayó desde el bolsillo de su camisa al suelo. Se agachó para recogerlo y comprobó que se trataba de un revólver. Lo volvió a dejar caer horrorizado ¿Por qué tenía un arma en el bolsillo? ¿Dónde estaba? No lo recordaba. Retrocedió asustado chocando con algunos muebles hasta que cayó que bruces al suelo. Cayó sobre un líquido oscuro que no supo indentificar en la oscuridad, justo al lado de aquel bulto, el cual le pareció que era un hombre tumbado boca arriba. Muerto de miedo, corrió al otro lado de la estancia, casi resbalando debido al húmedo suelo y rezando porque aquel hombre no estuviera muerto, y corrió la cortina del ventanal con un manotazo. La estancia quedó completamente iluminada con la luz del crepúsculo. Observó atónito el líquido rojo oscuro que cubría sus manos, su camisa y parte de la cortina que había tocado. En el centro de la habitación un hombre corpulento yacía sobre un extenso charco de sangre.

-¿Está usted bien?- susurró Michael con voz temblorosa.
No obtuvo respuesta. Se acerco y observó varios orificios, aparentemente de bala, en el pecho de dicho hombre. Estaba pálido como la muerte y mantenía los ojos abiertos. Sin embargo, no cabía duda: estaba muerto.

¿Por qué no recordaba nada de lo que había pasado? ¿Quién era ese hombre? ¿Lo había matado él? Si lo había hecho ¿Cuál era el motivo? Todas esas preguntas se le amontonaban en la cabeza, el simple hecho de pensarlo le provocó una arcada. Hizo un esfuerzo por no vomitar y recorrió la vivienda, que no era muy grande, hasta que encontró un cuarto de baño. Comenzó a lavarse las manos, casi no era consciente de lo que hacía. Le temblaba el labio y tenía la sensación de que de un momento a otro se echaría a llorar. Intentó en vano eliminar la sangre de su camisa blanca.

-Vamos, Michael, concéntrate y piensa- se dijo a sí mismo pasándose la mano por el cabello rizado y mirándose en el espejo. Su asustado reflejo le devolvió la mirada. Seguía sin acordarse.

Volvió a la estancia donde se encontraba el cadáver. Observó toda la habitación detenidamente, pero los recuerdos no llegaban. En ese momento no sabía qué hacer ¿Debía llamar a la policía o desentenderse del problema? Lo único que quería era salir de allí cuanto antes. Localizó su sombrero fedora en el suelo así como sus gafas de sol. Se colocó el sombrero y las gafas con manos temblorosas y recogió el revólver del suelo introduciéndolo en el bolsillo de su pantalón negro. Se apresuró a abrir la puerta y marcharse, dejando tras de si huellas de sangre en el suelo.

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