21 jul 2011

Capítulo 2

Comenzó a andar sin echar la vista atrás en ningún momento, adentrándose en un bosque que, a simple vista, no parecía muy espeso. Poco a poco, fue aligerando el paso, intentando alejarse lo más rápido posible de aquel lugar.
Encontró un pequeño claro, con hierba esponjosa, en la que poder sentarse y descansar un poco. Lo hizo, y apoyó la cabeza contra el tronco de una gran secuoya. La imagen del cadáver no se le borraba de la mente, no podía recordar nada, se sentía frustrado. Estaba absorto en sus pensamientos, sin embargo tenía una extraña sensación. Se sentía observado. Miró a su alrededor y le pareció ver a alguien observándolo a través de un arbusto, sin embargo estaba anocheciendo y la visibilidad en esa área del bosque era escasa. El corazón le dió un vuelco ¿Qué pensaría la gente si lo vieran solo en un bosque con la ropa manchada de sangre?

-¿Hola?- dijo con voz temblorosa y deseando que solo fueran imaginaciones suyas.
No obtuvo respuesta. Se frotó los ojos angustiado y volvió a mirar en dirección al arbusto. El rostro de aquella persona ya no estaba. Probablemente su imaginación le había jugado una mala pasada.
Michael sabía que no podía pasar la noche en el bosque. Había muchos animales peligrosos, y además, la temperatura descendería demasiado. No quería volver a Neverland, no ese día. Sólo quería recordar. Decidió buscar un refugio en el que poder dormir. Se volvió a adentrar en el bosque, con ahora más dificultad en la visión, debido a la falta de claridad.

Tras casi una hora de búsqueda, encontró una pequeña casa hecha de madera, aparentemente abandonada, aunque bastante acogedora. Entró dentro sin ningún tipo de esfuerzo, ya que la puerta estaba entreabierta. La volvió a cerrar tras de si, sin darse cuenta, de que dentro no había ningún tipo de iluminación. Tanteó la pared con las manos, hasta que encontró una cortina, tras la cual, había una ventana. La corrió pero no sirvió de mucho, puesto que ya era prácticamente de noche. Definitivamente, desde fuera la casa parecía más grande. Estaba compuesta simplemente, por una habitación, y en una de las esquinas, un pequeño baño, con una ducha sin mampara, un lavabo de color verde y un pequeño W.C. En el centro de la estancia, había una gran mesa de madera maciza, acompañada por tres sillas y un pequeño taburete, al parecer tallado a mano. En una esquina de la estancia se encontraba un sofá viejo y estropeado.Todo estaba cubierto de polvo, lo que convenció a Michael de que nadie ocupaba aquella casa.

-No está mal, aunque le hace falta una limpieza -se dijo Michael mientras que dejaba el sombrero encima de la mesa y se colgaba las gafas de sol del cuello de la camisa.

Un poco después se dio cuenta de que en una de las paredes había una chimenea. En ese momento volvió a ser consciente de que por la noche la temperatura descendería unos cuantos grados, además de que la casa no disponía de energía eléctrica para iluminarla, así que decidió salir fuera, por si encontraba alguna rama que poder echar al fuego. Pero se dio cuenta de que ya no había claridad y tuvo que recurrir al pequeño taburete. Cogió un sucio paquete de cerillas que había en la repisa de la chimenea. Por suerte para él, todavía le quedaban unas cuantas. Suficientes para encender el fuego, sentarse frente a él e intentar recordar lo que había pasado esa tarde.

Después de un rato intentando prender fuego, lo consiguió. La estancia se iluminó. Lo primero que hizo fue quitarse la camisa ensangrentada, quedándose con su camiseta blanca de manga corta puesta. A continuación la echó al fuego y observó como ésta bailaba entre las llamas y finalmente se convertía en un montón de cenizas.
Recordaba su nombre, su dirección y a qué se dedicaba. Recordaba con todo detalle su vida entera. Sin embargo no podía recordar lo que había pasado aquella tarde y por qué había sucedido ¿A qué se debía?
Al día siguiente volvería a casa, sólo necesitaba pensar un rato. Nadie lo había visto, nadie sabía lo que había pasado aquella tarde. No tenía ningún motivo para quedarse allí.
Pensando y pensando, finalmente se quedó dormido en el suelo sin darse cuenta.

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