Comenzó a andar sin echar la vista atrás en ningún momento, adentrándose en un bosque que, a simple vista, no parecía muy espeso. Poco a poco, fue aligerando el paso, intentando alejarse lo más rápido posible de aquel lugar.
Encontró un pequeño claro, con hierba esponjosa, en la que poder sentarse y descansar un poco. Lo hizo, y apoyó la cabeza contra el tronco de una gran secuoya. La imagen del cadáver no se le borraba de la mente, no podía recordar nada, se sentía frustrado. Estaba absorto en sus pensamientos, sin embargo tenía una extraña sensación. Se sentía observado. Miró a su alrededor y le pareció ver a alguien observándolo a través de un arbusto, sin embargo estaba anocheciendo y la visibilidad en esa área del bosque era escasa. El corazón le dió un vuelco ¿Qué pensaría la gente si lo vieran solo en un bosque con la ropa manchada de sangre?
-¿Hola?- dijo con voz temblorosa y deseando que solo fueran imaginaciones suyas.
No obtuvo respuesta. Se frotó los ojos angustiado y volvió a mirar en dirección al arbusto. El rostro de aquella persona ya no estaba. Probablemente su imaginación le había jugado una mala pasada.
Michael sabía que no podía pasar la noche en el bosque. Había muchos animales peligrosos, y además, la temperatura descendería demasiado. No quería volver a Neverland, no ese día. Sólo quería recordar. Decidió buscar un refugio en el que poder dormir. Se volvió a adentrar en el bosque, con ahora más dificultad en la visión, debido a la falta de claridad.
Tras casi una hora de búsqueda, encontró una pequeña casa hecha de madera, aparentemente abandonada, aunque bastante acogedora. Entró dentro sin ningún tipo de esfuerzo, ya que la puerta estaba entreabierta. La volvió a cerrar tras de si, sin darse cuenta, de que dentro no había ningún tipo de iluminación. Tanteó la pared con las manos, hasta que encontró una cortina, tras la cual, había una ventana. La corrió pero no sirvió de mucho, puesto que ya era prácticamente de noche. Definitivamente, desde fuera la casa parecía más grande. Estaba compuesta simplemente, por una habitación, y en una de las esquinas, un pequeño baño, con una ducha sin mampara, un lavabo de color verde y un pequeño W.C. En el centro de la estancia, había una gran mesa de madera maciza, acompañada por tres sillas y un pequeño taburete, al parecer tallado a mano. En una esquina de la estancia se encontraba un sofá viejo y estropeado.Todo estaba cubierto de polvo, lo que convenció a Michael de que nadie ocupaba aquella casa.
-No está mal, aunque le hace falta una limpieza -se dijo Michael mientras que dejaba el sombrero encima de la mesa y se colgaba las gafas de sol del cuello de la camisa.
Un poco después se dio cuenta de que en una de las paredes había una chimenea. En ese momento volvió a ser consciente de que por la noche la temperatura descendería unos cuantos grados, además de que la casa no disponía de energía eléctrica para iluminarla, así que decidió salir fuera, por si encontraba alguna rama que poder echar al fuego. Pero se dio cuenta de que ya no había claridad y tuvo que recurrir al pequeño taburete. Cogió un sucio paquete de cerillas que había en la repisa de la chimenea. Por suerte para él, todavía le quedaban unas cuantas. Suficientes para encender el fuego, sentarse frente a él e intentar recordar lo que había pasado esa tarde.
Después de un rato intentando prender fuego, lo consiguió. La estancia se iluminó. Lo primero que hizo fue quitarse la camisa ensangrentada, quedándose con su camiseta blanca de manga corta puesta. A continuación la echó al fuego y observó como ésta bailaba entre las llamas y finalmente se convertía en un montón de cenizas.
Recordaba su nombre, su dirección y a qué se dedicaba. Recordaba con todo detalle su vida entera. Sin embargo no podía recordar lo que había pasado aquella tarde y por qué había sucedido ¿A qué se debía?
Al día siguiente volvería a casa, sólo necesitaba pensar un rato. Nadie lo había visto, nadie sabía lo que había pasado aquella tarde. No tenía ningún motivo para quedarse allí.
Pensando y pensando, finalmente se quedó dormido en el suelo sin darse cuenta.
21 jul 2011
19 jul 2011
Capítulo 1
15 de Octubre 1992
Michael abrió los ojos lentamente. Los fijó en lo que parecía un techo blanco, tenía la vista nublada. Se incorporó un poco y parpadeó varias veces hasta que consiguió vislumbrar la habitación con más nitidez, pese a que estaba casi sumida en la oscuridad. Le dolía la cabeza y se sentía mareado ¿Dónde se encontraba? Algunos rayos de luz anaranjada se filtraban a través de la cortina oscura de un enorme ventanal. Podía distinguir unos metros más allá un bulto en el suelo, parecía una persona.
Se levantó con dificultad y al hacerlo un pesado objeto cayó desde el bolsillo de su camisa al suelo. Se agachó para recogerlo y comprobó que se trataba de un revólver. Lo volvió a dejar caer horrorizado ¿Por qué tenía un arma en el bolsillo? ¿Dónde estaba? No lo recordaba. Retrocedió asustado chocando con algunos muebles hasta que cayó que bruces al suelo. Cayó sobre un líquido oscuro que no supo indentificar en la oscuridad, justo al lado de aquel bulto, el cual le pareció que era un hombre tumbado boca arriba. Muerto de miedo, corrió al otro lado de la estancia, casi resbalando debido al húmedo suelo y rezando porque aquel hombre no estuviera muerto, y corrió la cortina del ventanal con un manotazo. La estancia quedó completamente iluminada con la luz del crepúsculo. Observó atónito el líquido rojo oscuro que cubría sus manos, su camisa y parte de la cortina que había tocado. En el centro de la habitación un hombre corpulento yacía sobre un extenso charco de sangre.
-¿Está usted bien?- susurró Michael con voz temblorosa.
No obtuvo respuesta. Se acerco y observó varios orificios, aparentemente de bala, en el pecho de dicho hombre. Estaba pálido como la muerte y mantenía los ojos abiertos. Sin embargo, no cabía duda: estaba muerto.
¿Por qué no recordaba nada de lo que había pasado? ¿Quién era ese hombre? ¿Lo había matado él? Si lo había hecho ¿Cuál era el motivo? Todas esas preguntas se le amontonaban en la cabeza, el simple hecho de pensarlo le provocó una arcada. Hizo un esfuerzo por no vomitar y recorrió la vivienda, que no era muy grande, hasta que encontró un cuarto de baño. Comenzó a lavarse las manos, casi no era consciente de lo que hacía. Le temblaba el labio y tenía la sensación de que de un momento a otro se echaría a llorar. Intentó en vano eliminar la sangre de su camisa blanca.
-Vamos, Michael, concéntrate y piensa- se dijo a sí mismo pasándose la mano por el cabello rizado y mirándose en el espejo. Su asustado reflejo le devolvió la mirada. Seguía sin acordarse.
Volvió a la estancia donde se encontraba el cadáver. Observó toda la habitación detenidamente, pero los recuerdos no llegaban. En ese momento no sabía qué hacer ¿Debía llamar a la policía o desentenderse del problema? Lo único que quería era salir de allí cuanto antes. Localizó su sombrero fedora en el suelo así como sus gafas de sol. Se colocó el sombrero y las gafas con manos temblorosas y recogió el revólver del suelo introduciéndolo en el bolsillo de su pantalón negro. Se apresuró a abrir la puerta y marcharse, dejando tras de si huellas de sangre en el suelo.
Michael abrió los ojos lentamente. Los fijó en lo que parecía un techo blanco, tenía la vista nublada. Se incorporó un poco y parpadeó varias veces hasta que consiguió vislumbrar la habitación con más nitidez, pese a que estaba casi sumida en la oscuridad. Le dolía la cabeza y se sentía mareado ¿Dónde se encontraba? Algunos rayos de luz anaranjada se filtraban a través de la cortina oscura de un enorme ventanal. Podía distinguir unos metros más allá un bulto en el suelo, parecía una persona.
Se levantó con dificultad y al hacerlo un pesado objeto cayó desde el bolsillo de su camisa al suelo. Se agachó para recogerlo y comprobó que se trataba de un revólver. Lo volvió a dejar caer horrorizado ¿Por qué tenía un arma en el bolsillo? ¿Dónde estaba? No lo recordaba. Retrocedió asustado chocando con algunos muebles hasta que cayó que bruces al suelo. Cayó sobre un líquido oscuro que no supo indentificar en la oscuridad, justo al lado de aquel bulto, el cual le pareció que era un hombre tumbado boca arriba. Muerto de miedo, corrió al otro lado de la estancia, casi resbalando debido al húmedo suelo y rezando porque aquel hombre no estuviera muerto, y corrió la cortina del ventanal con un manotazo. La estancia quedó completamente iluminada con la luz del crepúsculo. Observó atónito el líquido rojo oscuro que cubría sus manos, su camisa y parte de la cortina que había tocado. En el centro de la habitación un hombre corpulento yacía sobre un extenso charco de sangre.
-¿Está usted bien?- susurró Michael con voz temblorosa.
No obtuvo respuesta. Se acerco y observó varios orificios, aparentemente de bala, en el pecho de dicho hombre. Estaba pálido como la muerte y mantenía los ojos abiertos. Sin embargo, no cabía duda: estaba muerto.
¿Por qué no recordaba nada de lo que había pasado? ¿Quién era ese hombre? ¿Lo había matado él? Si lo había hecho ¿Cuál era el motivo? Todas esas preguntas se le amontonaban en la cabeza, el simple hecho de pensarlo le provocó una arcada. Hizo un esfuerzo por no vomitar y recorrió la vivienda, que no era muy grande, hasta que encontró un cuarto de baño. Comenzó a lavarse las manos, casi no era consciente de lo que hacía. Le temblaba el labio y tenía la sensación de que de un momento a otro se echaría a llorar. Intentó en vano eliminar la sangre de su camisa blanca.
-Vamos, Michael, concéntrate y piensa- se dijo a sí mismo pasándose la mano por el cabello rizado y mirándose en el espejo. Su asustado reflejo le devolvió la mirada. Seguía sin acordarse.
Volvió a la estancia donde se encontraba el cadáver. Observó toda la habitación detenidamente, pero los recuerdos no llegaban. En ese momento no sabía qué hacer ¿Debía llamar a la policía o desentenderse del problema? Lo único que quería era salir de allí cuanto antes. Localizó su sombrero fedora en el suelo así como sus gafas de sol. Se colocó el sombrero y las gafas con manos temblorosas y recogió el revólver del suelo introduciéndolo en el bolsillo de su pantalón negro. Se apresuró a abrir la puerta y marcharse, dejando tras de si huellas de sangre en el suelo.
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